Si tiene previsto hacer casi cualquier gestión oficial en Grecia —abrir una cuenta bancaria, comprar una propiedad, empezar a trabajar o dar de alta suministros—, tarde o temprano le pedirán su AFM. Esta guía explica, en términos generales, qué es el AFM, cuándo suelen necesitarlo los extranjeros y las formas prácticas de obtenerlo, ya sea en persona o a través de un representante.
Qué es realmente el AFM
El AFM (Arithmós Forologikoú Mētrṓou, a menudo escrito ΑΦΜ) es su número de registro fiscal griego. Por lo general es un número de nueve dígitos que le identifica ante la administración tributaria griega, la AADE (Autoridad Independiente de Ingresos Públicos). Considérelo la clave que le vincula con el sistema administrativo griego para cualquier cosa con una dimensión económica o jurídica.
Tener un AFM no le convierte, por sí solo, en residente fiscal griego, ni genera automáticamente una deuda tributaria. Es simplemente un identificador. Muchos extranjeros tienen un AFM únicamente porque una operación lo exigía, sin haber vivido nunca en Grecia. Si debe pagar impuestos depende de normas distintas de residencia e ingresos, una cuestión diferente que conviene comprobar con un profesional cualificado si su situación es mínimamente compleja.
Cuándo lo necesita realmente
Por lo general le pedirán un AFM siempre que intervenga dinero, una propiedad o un registro oficial. Los supuestos habituales incluyen:
- Comprar o vender una propiedad, o firmar un contrato de arrendamiento de larga duración.
- Abrir una cuenta bancaria griega: la mayoría de los bancos lo exigen.
- Empezar a trabajar por cuenta ajena o darse de alta como autónomo o como empresa.
- Contratar suministros como electricidad, agua o, a veces, contratos de telefonía móvil.
- Comprar un vehículo o registrarlo a su nombre.
- Heredar bienes en Grecia o tramitar una sucesión.
- Solicitar determinados permisos de residencia, incluidas algunas vías basadas en la inversión.
Si nada de esto le afecta, probablemente todavía no necesite un AFM. Por regla general no existe obligación de tenerlo simplemente por ser visitante, aunque los requisitos pueden cambiar, de modo que confirme su propia situación si tiene dudas.
Cómo obtenerlo en persona
La vía tradicional consiste en solicitarlo en una DOY (la oficina tributaria local) que cubra la zona donde reside o donde se realiza su operación. En los últimos años la AADE ha ampliado las opciones en línea, y lo que es posible por vía digital sigue evolucionando. Aun así, la presentación presencial a través de la oficina correspondiente sigue siendo una vía fiable para muchos extranjeros, especialmente para los no residentes.
Documentos que suelen solicitarse
Los requisitos varían según la oficina y según se trate de un nacional de la UE o de fuera de ella, así que trate lo siguiente como una lista de comprobación general y no como una lista fija:
- Un pasaporte o documento nacional de identidad en vigor.
- Un justificante de domicilio (en Grecia o en el extranjero, según su situación).
- Los formularios de solicitud pertinentes (a menudo referidos por códigos como M1 y M7 cuando interviene un representante).
- Para los nacionales de fuera de la UE, a veces un documento de residencia o un visado.
Los documentos emitidos en el extranjero pueden requerir una traducción oficial al griego y, en algunos casos, una apostilla. Estas normas cambian y se aplican de forma desigual entre oficinas, así que confirme qué exige su DOY concreta antes de desplazarse, en lugar de fiarse de un único relato.
Coste y plazos
Por lo general se entiende que la expedición de un AFM es gratuita, y una solicitud sencilla suele poder completarse con rapidez, a veces el mismo día. La traducción, la mensajería y cualquier ayuda profesional conllevan sus propios costes aparte. No considere fija ninguna cifra o plazo de los que aquí se indican: las tasas y los procedimientos cambian, de modo que confirme los detalles vigentes a nivel local con un abogado o un asesor contable cualificado.
Obtener un AFM a través de un representante
No siempre tiene que comparecer en persona. Un extranjero que se encuentre fuera del país, o que simplemente prefiera no enfrentarse solo a la oficina tributaria, puede por lo general nombrar a un representante —a menudo un abogado o un asesor contable— para que obtenga el AFM en su nombre.
Esto suele hacerse mediante un poder notarial (una autorización ante notario) que otorga al representante el derecho a presentar la solicitud y, cuando proceda, a actuar como su representante fiscal (el formulario M7 suele asociarse a este papel en el caso de los no residentes). Muchas personas que compran una propiedad a distancia, o que abren una cuenta bancaria griega desde el extranjero, recurren a este tipo de arreglo.
El poder notarial suele tener que estar debidamente otorgado ante notario y, si se firma fuera de Grecia, puede necesitar apostilla y traducción. Acertar con la redacción importa: una autorización demasiado restringida puede dejar a su representante sin capacidad para completar un trámite, obligándole a empezar de nuevo. Un abogado local puede ayudar a garantizar que se redacte de modo que cubra lo que realmente necesita.
Consejos prácticos antes de empezar
- Decida primero su verdadero objetivo. Los documentos para una compra de propiedad suelen diferir de los necesarios para trabajar.
- Compruebe los requisitos con la oficina concreta que vaya a utilizar: la práctica varía realmente de una parte de Grecia a otra.
- Resuelva las traducciones y apostillas con antelación; suelen ser la causa de los mayores retrasos.
- Guarde a buen recaudo el justificante de su AFM. Le pedirán el número una y otra vez, a veces años después.
- Separe en su mente el número fiscal de la obligación tributaria y recabe asesoramiento si no está seguro de si deberá pagar algo.
Una última palabra
Obtener un AFM suele ser uno de los trámites más manejables a los que se enfrenta un extranjero en Grecia, pero los detalles —qué oficina, qué documentos, si es más prudente recurrir a un representante— dependen en gran medida de su situación personal, y las normas sí cambian con el tiempo. Nada de lo aquí expuesto constituye asesoramiento jurídico, y las cifras y procedimientos deben verificarse siempre frente a la práctica vigente. Como un error puede paralizar una operación inmobiliaria o la apertura de una cuenta bancaria, es sensato hablar con un abogado o asesor contable local cualificado que pueda confirmar los requisitos actuales y tramitar la documentación correctamente para sus circunstancias.